Desde
siempre me ha gustado el humor, ese inteligente que se burla de todo sin
insultar (de manera evidente al menos) a nadie, mismo que hace del poder su
crítica inicial, pero que sin embargo no deja resquicio del quehacer humano que
no sea blanco de su sátira. Cuando niño en la casa donde me crie siempre hubo
cierto sesgo hacia la literatura
humorística, de manos de mi abuela llegue a ver el famoso “sádico ilustrado”
que publicaba el Nacional, también recuerdo que a los siete años ya recitaba de
memoria algunos pasajes de “Las celestiales” de Miguel Otero Silva y entre uno
y otro llegó a mis manos, ya adolescente (yo por supuesto) Otrova Gomas ,
ciertamente en ese momento, aunque me hacían gracia algunas cosas, la verdad no
entendía en profundidad el significado de sus libros, que ahora resguardo en mi
biblioteca como tesoros.
En
“El hombre más malo del mundo” aparece toda una fauna que para el momento se
suponía reunía el ideario de los adecos de ese tiempo, eran los años 80´s, sin
embargo parecen escritos sobre la semblanza de un “revolucionario” cualquiera
de estos tiempos, con sus brutalidades garrafales, su ignorancia supina, mal
gusto en todo y sus excesos en el asunto este de la malversación de fondos.
Recordando
esto he decidido dejarme de pruritos emocionales, de rectitudes que poco
importan a nadie, de mi natural tendencia a la crítica razonada para unirme a
la legión de venezolanos que quieren huir a como dé lugar del país, lejos de
este eterno esperar a que “algo pase”, evitar a los malandros, vivir como un
espía de la guerra fría, no por lo glamoroso si no con la guardia alerta todo
el tiempo, uno jamás sabe cuándo un malandro se “enamora” de la estampa de uno
y zas, me da un disparo por no cargar jamás más que para el pasaje y los
cigarros (eso si no los compré al salir de casa ya que la marca que fumo ya se
está volviendo escasa), pero no quiero emigrar de sudaca espalda mojada,
tampoco quiero andar limpiando mesas (lo hice por 3 meses en México) , quiero
llevarme a mi familia completa, hasta el gato pues.
Vivir
en algún sitio donde lo común sea precisamente lo que todos los venezolanos
soñamos, como no soy muy sociable que digamos tampoco me dolería mucho no tener
vecinos muy cercanos, quiero viajar por placer pero en clase ejecutiva, me da
mucho fastidio tener que perseguir a la azafata para que me repita la dosis de
vodka o esperar a que las mujeres esas decidan repartir la comida, puedo
aguantar las ganas de fumar pero viajar con hambre es una tortura absoluta y en
clase ejecutiva lo miman a uno más.
Quisiera
comprar todas las cámaras con las que sueño, auto patrocinar mis libros de
fotografía, planificar con tiempo la educación superior de mi hija, hacer fotos
por gusto y tener (si acaso) un solo empleo, sin tigres necesarios, sin
regateos por todo y muy importante, sin preocuparme por la escasez o por el
aumento del dólar. Sin grandes lujos, me conformo con vivir como todo un clase
media cualquiera del primer mundo.
Mirando
a los enchufados, no pareciera la gran cosa, una jaladita dura, nada que un
antifaz de dolares o de euros no calmen, cualquier cosa hablo con algún médico
que ande mal de efectivo y que me recete un camión de Prozac y listo, ya
estaría en el camino a la emigración, hasta dejaría que me secuestren como
dicen que hicieron con una periodista que salió en pocos días a Canadá, al
parecer para no volver y sin las incomodidades que ha tenido tanto amigo que
llevan más de tres años esperando que la embajada les dé el visto bueno para la
emigración, eso que se gastaron sus buenos cobres entre curso de francés,
pasajes de avión, papeleo interminable y creo que hasta una agencia, tengo un
par de personas muy cercanas que viven a la espera de la luz verde para vender
hasta los loros, comprar dólar o euro innombrable y mudarse para no volver.
Pienso
poner a la venta mi blog, este mismo que usted querido lector está leyendo, ya
hice los cálculos, con 15 millones de dólares a plazo fijo en cualquier banco,
mantengo a mi familia cercana, mis viejos y hasta mis nietos sin tocar el
capital, en puro interés, les regalo de paso mi biblioteca (ahí solo hay
literatura, nada de política) , la entrega de la plata debe ir acompañada de
pasaportes para todos, por supuesto con visado de residentes para toda mi
familia y así me voy para jamás acordarme que existen Maduro ni el Psuv, los
ladrones en los buses, los 25 mil muertos anuales, la escasez, las quincenas
mortales que no alcanzan para el mercado, los sueldos de hambre de todo el
escalafón docente, lo pornográfico que resulta ver los catálogos de cámaras y
demás equipos digitales, los viajes largamente planeados solo a sitios donde
algún amigo o familiar tenga a bien prestarnos un sofá para dormir mientras
dura la visita, lo venezolanos mojoneadisimos por que compran barato en Wal-Mart
y la larga lista de cosas que no me agradan de por acá, aunque hay muchísimas
más que me gustan , solo la idea de escapar de esta miseria y asegurar futuro
para la familia pues se vale.
Como
la verdad no creo que suceda así cuando menos, igual seguiré gritando desde mi
esquina todo lo que me molesta, sin piedad ni siquiera por cuidar las formas,
esta es la mejor forma de resistencia, la persistencia de las ideas y la
discusión sobre bases lógicas, sin pensar mucho en quien se molestará pues
quien se pica es porque ají come, pero por 15 millones en moneda dura podría
pensar en abrir otro blog desde la comodidad de otro país, dudo mucho que
alguna vez logre olvidar mi tierra.
José
Ramón Briceño, 2014
@jbdiwancomeback
