sábado, 14 de junio de 2014

15 Millones de razones


Desde siempre me ha gustado el humor, ese inteligente que se burla de todo sin insultar (de manera evidente al menos) a nadie, mismo que hace del poder su crítica inicial, pero que sin embargo no deja resquicio del quehacer humano que no sea blanco de su sátira. Cuando niño en la casa donde me crie siempre hubo cierto  sesgo hacia la literatura humorística, de manos de mi abuela llegue a ver el famoso “sádico ilustrado” que publicaba el Nacional, también recuerdo que a los siete años ya recitaba de memoria algunos pasajes de “Las celestiales” de Miguel Otero Silva y entre uno y otro llegó a mis manos, ya adolescente (yo por supuesto) Otrova Gomas , ciertamente en ese momento, aunque me hacían gracia algunas cosas, la verdad no entendía en profundidad el significado de sus libros, que ahora resguardo en mi biblioteca como tesoros.
En “El hombre más malo del mundo” aparece toda una fauna que para el momento se suponía reunía el ideario de los adecos de ese tiempo, eran los años 80´s, sin embargo parecen escritos sobre la semblanza de un “revolucionario” cualquiera de estos tiempos, con sus brutalidades garrafales, su ignorancia supina, mal gusto en todo y sus excesos en el asunto este de la malversación de fondos.

Recordando esto he decidido dejarme de pruritos emocionales, de rectitudes que poco importan a nadie, de mi natural tendencia a la crítica razonada para unirme a la legión de venezolanos que quieren huir a como dé lugar del país, lejos de este eterno esperar a que “algo pase”, evitar a los malandros, vivir como un espía de la guerra fría, no por lo glamoroso si no con la guardia alerta todo el tiempo, uno jamás sabe cuándo un malandro se “enamora” de la estampa de uno y zas, me da un disparo por no cargar jamás más que para el pasaje y los cigarros (eso si no los compré al salir de casa ya que la marca que fumo ya se está volviendo escasa), pero no quiero emigrar de sudaca espalda mojada, tampoco quiero andar limpiando mesas (lo hice por 3 meses en México) , quiero llevarme a mi familia completa, hasta el gato pues.

Vivir en algún sitio donde lo común sea precisamente lo que todos los venezolanos soñamos, como no soy muy sociable que digamos tampoco me dolería mucho no tener vecinos muy cercanos, quiero viajar por placer pero en clase ejecutiva, me da mucho fastidio tener que perseguir a la azafata para que me repita la dosis de vodka o esperar a que las mujeres esas decidan repartir la comida, puedo aguantar las ganas de fumar pero viajar con hambre es una tortura absoluta y en clase ejecutiva lo miman a uno más.

Quisiera comprar todas las cámaras con las que sueño, auto patrocinar mis libros de fotografía, planificar con tiempo la educación superior de mi hija, hacer fotos por gusto y tener (si acaso) un solo empleo, sin tigres necesarios, sin regateos por todo y muy importante, sin preocuparme por la escasez o por el aumento del dólar. Sin grandes lujos, me conformo con vivir como todo un clase media cualquiera del primer mundo.
Mirando a los enchufados, no pareciera la gran cosa, una jaladita dura, nada que un antifaz de dolares o de euros no calmen, cualquier cosa hablo con algún médico que ande mal de efectivo y que me recete un camión de Prozac y listo, ya estaría en el camino a la emigración, hasta dejaría que me secuestren como dicen que hicieron con una periodista que salió en pocos días a Canadá, al parecer para no volver y sin las incomodidades que ha tenido tanto amigo que llevan más de tres años esperando que la embajada les dé el visto bueno para la emigración, eso que se gastaron sus buenos cobres entre curso de francés, pasajes de avión, papeleo interminable y creo que hasta una agencia, tengo un par de personas muy cercanas que viven a la espera de la luz verde para vender hasta los loros, comprar dólar o euro innombrable y mudarse para no volver.
Pienso poner a la venta mi blog, este mismo que usted querido lector está leyendo, ya hice los cálculos, con 15 millones de dólares a plazo fijo en cualquier banco, mantengo a mi familia cercana, mis viejos y hasta mis nietos sin tocar el capital, en puro interés, les regalo de paso mi biblioteca (ahí solo hay literatura, nada de política) , la entrega de la plata debe ir acompañada de pasaportes para todos, por supuesto con visado de residentes para toda mi familia y así me voy para jamás acordarme que existen Maduro ni el Psuv, los ladrones en los buses, los 25 mil muertos anuales, la escasez, las quincenas mortales que no alcanzan para el mercado, los sueldos de hambre de todo el escalafón docente, lo pornográfico que resulta ver los catálogos de cámaras y demás equipos digitales, los viajes largamente planeados solo a sitios donde algún amigo o familiar tenga a bien prestarnos un sofá para dormir mientras dura la visita, lo venezolanos mojoneadisimos por que compran barato en Wal-Mart y la larga lista de cosas que no me agradan de por acá, aunque hay muchísimas más que me gustan , solo la idea de escapar de esta miseria y asegurar futuro para la familia pues se vale.

Como la verdad no creo que suceda así cuando menos, igual seguiré gritando desde mi esquina todo lo que me molesta, sin piedad ni siquiera por cuidar las formas, esta es la mejor forma de resistencia, la persistencia de las ideas y la discusión sobre bases lógicas, sin pensar mucho en quien se molestará pues quien se pica es porque ají come, pero por 15 millones en moneda dura podría pensar en abrir otro blog desde la comodidad de otro país, dudo mucho que alguna vez logre olvidar mi tierra.
José Ramón Briceño, 2014
@jbdiwancomeback



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