miércoles, 22 de enero de 2014

La Aventura Mítica del Malandro (¡Pendiente, perro caliente!)

Todos los seres humanos hemos tenido, y quizás aún tengamos, un héroe a quien admirar, seguir, amar.
            Claro, no cabría en la posibilidad que nosotros hubiésemos, en algún momento de nuestra infancia, buscado una tapa de un pipote de basura junto a un palo de escoba, y jugar/fantasear que teníamos tremendo escudo y espada (o lanza. Dependía), corretear por todo el patio de la casa pretendiendo que éramos Aquiles o un soldado espartano.  No, para nada.  Eso se lo podemos dejar a los niños de las eras posteriores a la antigüedad, en Grecia (y si me topo con un griego (a) y me confiesa que hasta hoy sus niños en su cultura hacen eso, me inclinaré ante ellos y me preguntaré aún más por qué nosotros no tenemos tanto sentido de pertenencia con nuestro pasado).

            Nuestro culto a la heroicidad se inclina más hacia una alabanza más bien a la súper-heroicidad.  Jugábamos a ser Batman, Spiderman, Leono el de Los Thundercats; y algunos que otros se atrevieron a amarrarse un paño o sábana al cuello, encaramarse en la platabanda del techo, y lanzarse al vacío creyéndose Superman.  Pero, como ya el cuento de que los tiempos han cambiado no suena tanto a cuento sino a meta-realidad, pues dentro de esos cambios drásticos nuestros infantes -en la gran mayoría- no apuestan por esas súper-heroicidades, sino a una especie de atractiva anti-heroicidad.

            Dícese del anti-héroe que se trata de las hazañas de un personaje ficticio, que se perfila al contrario de lo que se establece como héroe.  Ambas posiciones pueden tener un objetivo común: la justicia, con la diferencia de que el antihéroe está consciente de que puede caer también en manos de la ley, ya que jugó mucho con la misma.  Aunque, ese antihéroe actual no se torna tan de ficción.  La maldad reina, lo incorrecto impera.  Y ser malo e incorrecto es atractivo (nada que ver con el Sr. Demonio.  Él se queda pequeño frente a este ejemplo).  Las sociedades en sus marcados territorios y clases poseen modelos a seguir, y según, los padres son los principales, pero al parecer eso es algo para los niños sumamente aburrido o muy contraproducente: porque, en un caso como Venezuela, su padre o su madre pueden ser… malandros.

            Entonces,se estaría al frente de un anti-héroe antisocial, un anti-héroe que delinque, que las morales y valores aceptados generalmente no le quitan el sueño, más bien lo convierte en su propio insomnio.  El colectivo en número creciente les teme, se aterrorizan ante ellos, pero otro porcentaje los idolatra, los respeta (incluso el temor equivale para el malandro el propio respeto).  Si generaciones anteriores jugaban a ser superhéroes, los niños 2.0 ó 3.0, como quieran calificarlos, juegan a ser y convertirse -y con un tanto de ayuda real y no ficticia- en malandros.  Porque eso es lo que manda: calzarte tu martillo pa’ tras y ponerte serio.

            El malandro para transfigurarse en lo que tiene que ser es indispensable que cumpla con requerimientos obligatorios, de lo contrario no serviría para dicho estatus y facilito le pueden caer a plomo y San Se Acabó.  Uno menos.  Pero no, aquí están los pasos, El Mío.  Todo empieza con la etapa de la separación de su entorno, prolifera una especie de intuición delincuencial:
          
  a) La llamada del malandreo: como tienes el gusanillo alborotado en la barriga por querer dártelas de malote para empezar a delinquir y llevar algo de platica para el hogar, debes estar pendiente de saber y conectarte con los que mandan por el sitio.  Llámense Yonyéison, El Jarabe, o Will Ramón, usted pilas que alguno de ésos lo ayudará y lo entrenará para que los acompañe en las aventuras (fechorías).  Existirá un crecimiento interior al momento en que le den su arma particular, eso creará un lazo en suma fraternal con los de la banda en cuestión.
       
     b) La ayuda espiritual: si en tiempos antiguos los héroes eran ayudados por hadas y magos, usted tranquilo que tendrá la protección súper divina de José Gregorio Hernández, María Lionza, Las Tres Potencias, La Malandra Isabel, y El Chamo Ismael (a no ser que también se quiera y deba añadir a ese lote mítico a San Comandante Supremo).  Así que tiene a quienes rezarle, pedirle y encomendarse.  Seguramente no le pasará nada.
          
    c) El cruce de la raya peatonal: como usted debe tener un medio para trasladarse de un lado a otro y de forma rápida, no tiene que faltarle la moto.  Cada vez que se encuentre circulando por calles y avenidas aledañas no se le ocurra detenerse detrás del rayado peatonal (esta señalización solía ser de manera antaña un espacio para el paso del transeúnte.  Hoy día está en una oxidable vía de extinción).  Malandro que se respete e infunda terror se detiene encima del rayado peatonal, pero no por mucho tiempo porque lo ideal y más recomendable es que te comas la luz del semáforo.  La vida transcurre muy rápido para que estés perdiendo el tiempo respetando las leyes de tránsito… y por si acaso, para que no todos te tilden solo de malandro, cómprese el chaleco anaranjado y haga dinero extra “mototaixeando”.
            
d) La Iniciación: el malandro debe luchar con los obstáculos (policías. Que después y al poco tiempo pueden llegar a ser los fieles amigos), eliminar al enemigo (ése seguro es Ronkleybert, que está atacando por la zona pa’ echarse a todos y mandar, pero ya le vamos a dar sus buenos pepazos).  Se establece que debe luchar con sus fantasmas y temores infantiles, es decir, con la engorrosa sugerencia de estudiar académicamente.  No debe tener limitaciones personales: ser ateo y no creer es en nadien.
           
 e) El retorno: no existiría regreso si no hay ayuda espiritual; cada vez que hay que hacer una vuelta se debe llevar consigo la confianza en las entidades antes mencionadas.  Las misiones no son fáciles (y más si son las decretadas por el Estado).  El premio recibido por las encomiendas no será solo dinero u otros bienes materiales, sino lo que ya con anterioridad se enfatizó: el respeto por los demás (primero la comunidad donde reside; ya son palabras mayores cuando el respeto escala en niveles parroquiales, municipales, regionales, estadales, nacionales. Y ni se diga si se llega a las internacionales).  El retorno indica que ya usted como malandro tiene una identidad que lo representa.  Debe incluso escoger muy bien su nombre, para que todos puedan memorizarlo y elogiarlo (ejemplos: Deivy, Yonder, Yorch, Yónatan, Aleisis, Yack, Nixon, Worcuin, Dikson, Arnulfo, Heduard, Maikol, Danco, Wuilian, Darwín, Yonson, Henrris, Walquerman).
          

( *) Caso especial: si por obra de la mala praxis judicial usted cae preso, no tiene que preocuparse, en las instituciones carcelarias lo arropará la misma atmósfera, solo que tiene los límites territoriales restringidos.  Sin embargo, así como afuera tuvo que estar pendiente de codearse con los más destacados, en la cárcel debe ubicar directamente al Pran de turno.  Él sabrá corresponderlo con el cargo que se merece, siempre y cuando usted demuestre que es un varón y se hace respetar.  Olvídese, que la policía no va a hacer nada.  Ellos al fin y al cabo solo están ahí para servirles, velan por su bienestar, recuerde que ellos dependen del MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA EL SERVICIOPENITENCIARIO.

Prof. Ricardo Farfán
Magister en Literatura Latinoamericana 
Docente de la UPEL Maracay
Además de pana del administrador y dueño del blog, pa´que sea serio menol

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